No somos nada
- 29 oct 2017
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No somos nada. Mi primo Ariel se saca una foto donde ya no están las torres gemelas. El viaje lo pagó con la plata del juicio laboral. En la foto tiene el termo debajo del brazo derecho y el mate que se compró en el bolsón cuando se fue de mochilero en la mano izquierda. Me lo imagino apurado por llegar al hostel para hacer el collage con la otra foto de cuando viajó antes del atentado para subir su experimento a Facebook. A la de las torres le puso “antes” y a la otra “después”. En la segunda, el mate es uno que simula ser la cabeza de Darth Vader. No somos nada. Mi primo Ariel está de novio con la que alguna fue novia de mi amigo Ignacio, una chica habilidosa para el dibujo que hoy sorpresivamente le escribe a mi amigo Ignacio para decirle que se acordó de él porque escuchó la canción que en algún momento fue la suya, la canción de ambos, la que bailaron aquella primera noche en esa fiesta. Se suscita un diálogo por WhatsApp, si es que eso puede llamarse diálogo, en el que ella le confiesa que estuvo mirándole el muro, dato que a él lo incomoda tanto como si le hubiera dicho que entró a su casa y le revisó el cajón de la mesa de luz. Ella le dice que se alegró muchísimo al ver que está de novio, y la palabra muchísimo la escribe con mayúsculas y sin acento. Además es muy linda, agrega, imprimiendo en esa frase un tipo de sadismo que sólo las ex novias saben manejar. Mi amigo Ignacio le sostiene la conversación porque justo está volviendo del trabajo en tren, milagrosamente sentado. Por suerte dos cuadras antes de llegar a la casa se acuerda de eliminar la conversación porque de los errores se aprende. Mi amigo Ignacio está más enamorado que nunca pero cuando su ex le pregunta si está bien con su actual él le dice que está normal, palabra que a la noche se le aparece durante el sexo haciendo que no pueda seguir y que su novia tan amada le pregunte qué le pasa y él le diga que nada, que esta cansado. Nada. Ella le dice que se quede tranquilo, que es normal, y se levanta para cebarle los últimos mates edulcorados del día. No somos nada. La hermana de la novia de mi amigo Ignacio logra por fin que su hijo se duerma después de diecisiete horas de estar despierto. Es un nene híper activo, ya le hicieron estudios de todo tipo y algunos tratamientos psicológicos, pero no hay mucho que se pueda hacer más que seguirle el ritmo. Claro que no es fácil, la hermana de la novia de mi amigo Ignacio trabaja ocho horas en un negocio, está separada, y el ex es un vago que se declaró insolvente, y ella sólo cuenta con su mamá, una señora jubilada con problemas de ciático a la que el nene está matando diariamente. Pero la hermana de la novia de mi amigo Ignacio se obliga a pasar por alto ese detalle, y cuando habla con los clientes del negocio suele dar gracias a Dios por tener a su madre que le cuida al nene y la gente le sonríe pensando en una ley de disposición de vínculos que genera el transcurso de la vida. No te amargues, pensà que tu abuela cuidó de vos y que ahora tu madre cuida de tu hijo porque así son las cosas, ¿no? ¿Y tu hermana cómo anda, sigue con aquel muchacho? Y ahí es donde la hermana de la novia de mi amigo Ignacio piensa en esa otra suerte que le podría haber tocado a ella y decide que esa misma tarde va a sacar a pagar el saco azul que se probó el otro día y que seguramente no tenga la oportunidad de usar en todo el invierno, porque desde que está sola con el nene no puede salir a ningún lado y su única diversión es la de llevarlo a la plaza y verlo correr y correr mientras a ella la lengua se le va tiñendo de verde por tanto mate. No somos nada. La madre del ex de la hermana de la novia de mi amigo Ignacio sufrió un accidente que le dejó la mitad de la cara paralizada. Ahora el mate lo chupa de costado pero al menos está eximida de cuidar de su nieto al que ama pero no soporta. Su hijo siempre fue movedizo y ella ya las pasó como madre, así que ahora no tiene por qué pasarlas como abuela, porque los nietos son para disfrutar y no para hacerse mala sangre. Ella es de las la que dividen los episodios en los que se pueden contar y los que no. Dentro de los que no ella guarda esas dos veces que le tuvo que sacar las papas del fuego al hijo con dos novias diferentes en el mismo año, esas son para ella agujas clavadas en medio del pecho, pinchazos que nada ni nadie va a sacarle. A esta altura de la vida tiene varios pinchazos, y a veces piensa que a través de esos agujeros el aire se le escapa y ya no vuelve, y aunque se esfuerza en ahuyentar los malos pensamientos siempre termina pensando que un día el oxígeno va a dejar de entrarle y que solo va a salir y salir, como cuando se le pinchó el tanque de agua y ella no pudo hacer más que mirar como ese chorro violento y direccionado le iba arruinando el piso de madera que su marido puso con tanto esfuerzo gracias a aquel aguinaldo de cuando el sueldo alcanzaba y los domingos se podía invitar a la familia con un asado. Pero ahora el marido murió, ella es viuda, y el mate lo chupa de costado haciendo que su nieto se ría, no por malo, por maleducado, porque la madre no le dice nada y porque el padre, su hijo, también se ríe. No somos nada, me dice el plomero al enterarse de que me separé, como si una separación fuera igual que una muerte, aunque tal vez tenga razón. Le cambio de tema, le convido un mate para dar lugar a que los dos nos quejemos de lo caro que está todo. Cuando termina de arreglarme la descarga de la pileta de la cocina, y de insinuarme que le doy un mal uso porque sacó un bollo de pelos engrasados que me muestra envueltos en las paginas del diario que celebran el triunfo de una fuerza política y la derrota de otra, me dice que son mil quinientos pesos, y repite que no somos nada, como si en esa cifra también muriera algo o alguien. Mientras cuenta los billetes violetas me acepta un amargo y yo aprovecho para decir otra vez la palabra nada, con la única intención de darle un aire dramático al final de nuestro encuentro, pero en la ultima A me tropiezo con una de sus herramientas y termino tirando el mate y la yerba húmeda al piso que ahora mismo estoy limpiando arrodillada.


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